Reflexiones sobre los caminos de doulas de fin de vida en América Latina
El llamado de las que abren caminos y se vuelven guardianas
Escribimos estas líneas con la emoción de quienes se saben habitando un territorio nuevo, pero profundamente antiguo. Como mujeres que hemos abrazado nuestra formación como doulas de muerte y fin de vida, nos encontramos hoy con el compromiso de explorar lo que significa formarse en este oficio y encontrar, o forjar, los caminos para acompañar.
En nuestra región, este oficio está apenas abriendo brecha; somos visionarias de un movimiento que busca devolverle la sacralidad y el calor humano al proceso de morir, rescatando el tejido social que la contemporaneidad ha desgastado.
Sentimos la enorme responsabilidad de ser parte de esta primera generación que busca encontrar la forma de hacer una excelente labor a través de formaciones y espacios de contención, con el cuidado de no perder la ternura del comadreo. El propósito de este artículo es explorar, como marco de referencia, las reflexiones de la Asociación de Doulas de Fin de Vida de Canadá sobre las diferentes formas de seguir avanzando con la formación, la práctica y la eventual profesionalización de las doulas de muerte y de fin de vida.
Como esta primera generación no solo contextualizamos saberes dentro de un oficio nuevo, sino que hemos tenido que inventar, al mismo tiempo, los caminos para ejercerlo en nuestros territorios. Cargamos esa doble tarea, ya presente en la historia de este movimiento, como punto de partida para lo que sigue en estas líneas: la responsabilidad de definir las reglas mientras todavía estamos aprendiendo a ejercer.
Estas lecciones sobre regulación y ética, nutridas de nuestras hermanas del norte, alimentan nuestro propio diálogo local y nos ayudan a construir un camino sólido y auténtico en nuestros territorios. Nos muestran no uno, sino los múltiples caminos posibles.
Humanizar la muerte y profesionalizar el oficio: ¿quién nos valida en el tiempo?
Existe una tensión vibrante en nuestro quehacer: el anhelo de ser reconocidas y remuneradas profesionalmente frente al temor de que las estructuras rígidas nos arrebaten el alma de nuestra labor.
En Latinoamérica, donde nuestros sistemas de salud oscilan entre la sobre-medicalización para quienes pueden acceder a ellos en las grandes ciudades y la precariedad o ausencia absoluta de servicios en poblaciones más vulnerables, nuestra figura surge como un puente necesario.
- Búsqueda de legitimidad externa: deseamos un salario digno y el reconocimiento de otros profesionales de la salud a través de credenciales validadas que den confianza a las familias, incluso cuando nuestro rol no es médico y se enmarca en la mayor parte de los casos en la muerte en casa, donde no necesariamente llegan los cuidados paliativos.
- Búsqueda de legitimidad entre pares: ¿cómo puede un sistema de salud medir prácticas que han existido por siglos en contextos donde la muerte ocurre fuera del sistema médico? Esto abre la posibilidad de generar espacios de escucha donde se intercambien experiencias, se descubran puntos comunes entre las mismas practicantes y se genere conocimiento colectivo.
- Riesgo de institucionalización: el peligro de que una regulación gubernamental estricta convierta el acompañamiento en un sistema frío y burocrático, similar al modelo médico del cual muchas familias intentan protegerse en sus momentos finales.
El movimiento ya lo está viviendo. Surgen marcos legales y mecanismos institucionales que buscan definir quién puede ejercer este oficio y con qué credenciales, con el riesgo de limitar nuestra práctica y dejar fuera saberes y trayectorias que no encajan en el molde propuesto. Cuando el lenguaje de una vocación queda atado a estructuras de control externas a la comunidad que lo habita, la pregunta deja de ser solo quién nos valida; se convierte también en la pregunta de a quién pertenece nuestra identidad.
Debemos recordar siempre que la labor de la doula es un oficio humano que nace del corazón, donde la prioridad es la presencia compasiva. Más que un producto, el cuidado es un vínculo que se establece, se cultiva y se sostiene.
Claridad conceptual: ¿certificación, asociación, comunidad de práctica o regulación?
Es vital que, como comunidad en construcción, entendamos las herramientas que tenemos para organizarnos. Las doulas canadienses ofrecen distinciones técnicas que nos permiten imaginar cómo queremos presentarnos ante las familias que nos necesitan y ante el sistema:
| Regulación estatal | Asociación | Comunidad de práctica | |
| Naturaleza | Mandato gubernamental obligatorio | Estándares creados por y para la comunidad; voluntario y flexible | Espacio de aprendizaje colectivo y mentoría continua |
| Quién define los criterios | El Estado | La propia comunidad de práctica | Las practicantes definen los criterios entre sí |
| Impacto en quien ejerce | Define legalmente quién puede o no ejercer | Ofrece credenciales que generan confianza pública y reconocimiento del sistema de salud | Valida el trabajo hacia adentro de la comunidad y hacia las familias que acompaña |
| Riesgo principal | Burocratización y exclusión de prácticas no dominantes | Puede volverse excluyente si los criterios no son flexibles | Menor visibilidad pública sin un marco de credenciales |
Para nosotras, entender estas distinciones es un acto de soberanía. Antes de apresurarnos a buscar leyes, el modelo de asociación o de comunidad de práctica nos permite establecer qué significa servir como doula en nuestro contexto, creando una identidad clara que el público pueda reconocer y valorar. Quizás no se trata de optar por uno solo de estos modelos, sino de entender cuál tiene más sentido en cada momento y cómo puede evolucionar a medida que la discusión madure.
Ética y protección en la vulnerabilidad
Nuestra labor ocurre en la intimidad de los hogares, en ese espacio sagrado y vulnerable donde se desvanecen las máscaras. Por ello, la gestión del riesgo no es solo un trámite sino un acto de amor y responsabilidad. Basándonos en la experiencia global del movimiento hasta ahora, y que sigue evolucionando siempre, sostenemos tres principios de rendición de cuentas para proteger tanto a la persona que parte como a la doula que acompaña:
- Ética: un compromiso innegociable con la integridad y la dignidad de quien nos consulta, asegurando que su voluntad sea siempre el norte de nuestra brújula. Desde ahí definimos nuestro código de ética.
- Límites: una definición clara de dónde termina nuestra labor no médica y dónde empieza la de otros profesionales. Estos límites protegen a la familia de expectativas irreales y a la doula del agotamiento o de riesgos legales.
- Estándares de práctica: un marco de referencia que guíe nuestras acciones diarias, asegurando que el hacer sea tan sólido como el ser y sentir. Este es un llamado especialmente a las personas y organizaciones que están formando acompañantes en final de vida.
Decolonizar el cuidado: sincretismo e interculturalidad para acompañar la muerte
Así como en Canadá se discuten las consideraciones de las Primeras Naciones, en Latinoamérica llevamos años en el espacio de honrar nuestros saberes ancestrales: las curanderas, las parteras de la muerte y acompañantes del duelo, y las tradiciones espirituales que han sostenido a nuestra gente por siglos. Esto incluye el uso de plantas medicinales, y ritos y costumbres particulares de preparación, transición y despedida, a lo largo de la vida y durante el proceso del final de la vida. Integramos la figura de la comadre, la muertera, la sabiduría de las rezanderas. Cualquier estándar que adoptemos debe asegurar que no margine las prácticas culturales, espirituales o no dominantes, reflejando siempre la diversidad de la comunidad a la que servimos.
Igualmente, queremos honrar e integrar las tradiciones que por décadas y siglos han ejercido prácticas espirituales y energéticas, entre ellas:
- Psicopompía: acercamiento de guías que custodian el alma en su desprendimiento, asistiéndola para cruzar el portal del morir del cuerpo y navegar hacia su destino de origen, presente en el acompañamiento comunitario y espiritual de tradiciones chamánicas, indígenas y esotéricas de la región.
- Mediumnidad: práctica de personas que, desde diversas tradiciones latinoamericanas, sostienen la comunicación con lo que trasciende la muerte física, acompañando tanto al que parte como a quienes se quedan.
- Constelaciones familiares: enfoque terapéutico que explora los vínculos y lealtades familiares que persisten más allá de la muerte, y que puede ser una herramienta de cierre y sanación en el proceso de duelo.
Estas prácticas son expresión de una forma de habitar la realidad que ha sido propia de nuestros pueblos desde siempre. En Latinoamérica, los muertos siguen hablando en los sueños, siguen presentes en el altar, siguen guiando decisiones familiares años después de su partida. Lo visible y lo invisible conviven sin necesidad de explicarse, y lo que en otras tradiciones se nombraría como sobrenatural, aquí forma parte de lo cotidiano. Acompañar la muerte en nuestra región es también acompañar esa continuidad entre lo que se ve y se toca , y lo invisible y lo intangible.
Cualquier estándar de calidad debe ser lo suficientemente flexible para honrar el sincretismo religioso y las prácticas espirituales locales. Si un estándar de práctica margina a una mujer que ha acompañado muertes en su comunidad rural durante décadas, ese estándar no sirve para nuestra región. La calidad del cuidado se mide por la profundidad de la presencia y el respeto a la diversidad de creencias, no por los términos que adoptamos ni la acumulación de diplomas occidentales o de formaciones locales modeladas a su imagen.
Avanzar con cautela significa asegurar que la profesionalización sea una manera de darle un lugar de honor en la sociedad contemporánea a lo que ya existe, y que no borre nuestra identidad en el proceso.
Invitación al diálogo: construyendo la comunidad de práctica
Definir estos estándares es, en sí mismo, una labor colectiva. Y es desde ahí que proponemos avanzar: no se logra en aislamiento, ni en parcelas, ni con prisa, sino en comunidad.
Estamos en una etapa en que ya empezamos a recoger los frutos de la primera generación de doulas formadas hace diez años. Algo valioso de la RedLA es la capacidad de acompañarnos unas a otras mientras definimos este oficio en nuestro entorno específico. Nuestra propuesta se basa en construir, cultivar y cuidar una comunidad de práctica donde el aprendizaje sea horizontal y el ritmo sea el de la vida, no el de la premura institucional, mientras llegamos al estadio de madurez suficiente para plantearnos como una profesión que deba ser regulada.
Como comunidad de práctica, el movimiento está todavía en una etapa de desarrollo. Eso requiere avanzar con cautela para proteger el carácter humano y compasivo del acompañamiento, y para cuidar la diversidad de prácticas e iniciativas que ya existen en nuestros territorios.
Para empezar a tejer juntas, te invitamos a reflexionar:
- ¿Eras consciente de esta discusión?
- ¿Cómo podemos cuidar el latido de este oficio para que los papeles y diplomas no nos quiten la ternura y la cercanía?
- ¿Estamos dispuestas a priorizar la integridad ética y la profundidad humana antes que la rapidez y el vértigo de una regulación que podría encadenar nuestra esencia? ¿Cuáles son los riesgos que se observan hoy en nuestras comunidades que no podemos permitirnos ignorar?
- ¿Qué saberes ancestrales o tradiciones locales deberíamos integrar en nuestros estándares de práctica para que sean verdaderamente nuestros?
- ¿Cómo imaginas una red de apoyo entre nosotras que nos proteja del aislamiento y fortalezca la confianza de las familias que nos abren su puerta?
Imagen: María Regina Díaz
Catalina Mahecha es co-fundadora de la Red Latinoamericana de Acompañamiento en la Muerte y el Duelo (RedLA). Su labor se centra en abrir espacios de diálogo entre diferentes saberes para acompañar la muerte en su contexto.
Wilka Roig es co-fundadora de RedLA, partera de la muerte y activista en el campo de fin de vida y duelo. A través de giras comunitarias, aprende sobre cómo estamos muriendo y dueleando en Latinoamérica para identificar fortalezas y necesidades que orientan nuestra labor.


One response to “Los caminos de doulas de fin de vida”
Creo que más allá del encuentro anual es necesario tener espacios virtuales para compartir y explorar partiendo de los casos qué atendemos y de las situaciones que abordamos. Aprendemos y nos acompañamos y nos fortalecemos como comunidad.