No existimos en un vacío: representamos un rol y un movimiento
En los últimos meses circula en redes sociales una serie de publicaciones que cuestionan la legitimidad del rol de doula de muerte o doula de fin de vida, con un lenguaje que, en algunos casos, nombra explícitamente el fraude y el narcisismo.
Por un lado, atacan la motivación interna de quien ejerce a través de un juicio sobre el carácter, difícil de verificar, aplicado a la categoría entera. Por el otro, señalan una falla estructural a través de la ausencia de acreditación, de directorio, de sistema de sanciones. Ambas piden lo mismo: discernimiento, informarse y examinar de cerca antes de concluir.
Reconocemos nuestra responsabilidad y obligación con el movimiento, nos llamemos doulas de muerte o no, considerando lo que hay de cierto en las críticas, y afirmando con claridad lo que sostiene a la gran mayoría de quienes ejercen esta labor.
Este artículo tiene tres propósitos. El primero es explorar los parámetros actuales del rol de doula, desde Latinoamérica dentro de un contexto global: qué se entiende con claridad y qué se confunde con frecuencia. El segundo es nombrar, sin evasión, las situaciones reales que generan tensión: la realidad de que sí existen personas que abusan de la vulnerabilidad de nuestras comunidades. El tercero es ofrecer, a partir de esa evidencia, lineamientos concretos de discernimiento para quien busca una formación o un servicio de acompañamiento.
El detonante: el “efecto Nicole Kidman”
El auge de atención pública, y también de escrutinio crítico, sobre el rol de doula de muerte tiene un detonante identificable, que sentimos en el momento en que ocurrió, y que confirma la cobertura de Variety, AARP, Healthline y The Conversation, entre otros medios.
El 11 de abril de 2026, durante una charla con entrada agotada en la Silk Speaker Series de la Universidad de San Francisco, Nicole Kidman reveló que se está formando como doula de muerte, una decisión que nace de la muerte de su madre en 2024. Durante los últimos días de su madre, ella y su hermana, con carreras exigentes, hijos propios, y sin su padre ya en vida, no lograron ofrecerle un acompañamiento constante, y su madre se sintió sola. De esa experiencia surgió la idea que la llevó a la formación: “Ojalá existieran personas en el mundo que estuvieran allí para sentarse de manera imparcial y simplemente brindar consuelo y cuidado.” Kidman reconoció ante el público que la decisión “puede sonar un poco rara”. El anuncio, junto con una ola de consultas a escuelas de formación, explotó en redes.
En las semanas siguientes, la prensa reportó que la directora Chloé Zhao también se había formado recientemente como doula de muerte en el Reino Unido, motivada por un miedo de toda la vida hacia la muerte, consolidando la narrativa de una tendencia entre figuras públicas de alto perfil.
La visibilidad repentina de este momento ayuda a explicar por qué el escrutinio público sobre la legitimidad del rol se intensificó después. Cuando un término pasa del margen al mainstream en cuestión de horas, también se multiplican quienes lo cuestionan, quienes lo practican sin formación, y quienes lo usan como categoría fácil de ataque.
Propaganda de reclamos
La tendencia de cuestionar el rol de las doulas de muerte en los países del norte global bombardeó el ámbito con reclamos como que las doulas de muerte son, generalmente, personas que demuestran rasgos de narcisismo, motivadas por insertarse en los momentos más vulnerables de otras personas para sentirse importantes. También circuló el reclamo de que las doulas de muerte no merecen el título porque carecen de educación validada o evidencia de cualificación, y que por lo mismo priorizan sus propias necesidades sobre las de las familias a quienes dicen servir. Los reclamos llegan a declarar que las doulas de muerte son fraudes que se aprovechan de personas en su momento más vulnerable.
Esta generalización está muy fuera de base. Y a la vez, existen narcisistas y estafadores en este ámbito, como en cualquier otro. A través del alcance comunitario que realizamos en Latinoamérica, hemos recibido numerosos reportes sobre personas específicas que encajan con estos perfiles. Esos casos son la excepción: la inmensa mayoría de quienes ejercen esta labor lo hacen por vocación de servicio a la comunidad.
Voces desde el campo
Una enfermera registrada, con experiencia extensa en cuidados paliativos y certificación como doula de muerte, publicó una advertencia pública dirigida a su comunidad. Apoya el campo desde su propia práctica y, a la vez, documenta patrones de daño. Acompaña el relato con una comparación de pros y contras del campo: (a) certificación que no ofrece protección al consumidor, (b) ausencia de directorio unificado o registro de sanciones, (c) falta de supervisión sobre las escuelas de formación, y (d) un alcance de práctica que no todas las personas certificadas respetan.
El reclamo que abre este artículo describe a quienes ejercen esta labor como personas motivadas por necesidades propias, que se insertan en los momentos más vulnerables de otras personas para sentirse importantes, reclaman el título sin educación ni cualificación real, y terminan aprovechándose de quien está en su momento más frágil.
El punto de convergencia real está en la vulnerabilidad de quien recibe el acompañamiento. Estas voces nombran el mismo riesgo, y lo atribuyen al carácter de quien ejerce, y a la ausencia de mecanismos que permitan distinguir quién ejerce con rigor de quién no.
Una tercera reacción surge desde dentro del propio ámbito, por algunas personas que ejercen esta labor empezando a distanciarse del término “doula de fin de vida” o “doula de la muerte”, y a nombrar su práctica con términos nuevos. Parte de ese distanciamiento llega en tono de broma, sugiriendo que el nombre evoca a alguien que solo espera la llegada de la muerte, y así, la misma imagen que la crítica original usó para cuestionar el rol, ahora repetida desde dentro, sobre el término mismo.
Quién explota la vulnerabilidad del ámbito
La crítica original nombra al sujeto equivocado. El patrón que se reconoce describe a alguien que se acerca a este ámbito para usar su estructura de confianza como recurso, para conseguir acceso a redes, a información y materiales, a legitimidad por asociación. La mayoría de quienes siguen este patrón no reclaman el título de doula para entrar. Una minoría sí se apropia del nombre, después de haberse insertado, sin la formación ni la experiencia que ese nombre implica.
El acompañamiento en muerte y duelo está compuesto, de forma abrumadora, por mujeres dedicadas a una labor de servicio exigente emocionalmente. Los casos documentados de este patrón específico, dentro y fuera de RedLA, comparten el perfil de alguien externo a la práctica diaria del acompañamiento que encuentra, en esa misma estructura de confianza y vulnerabilidad, un acceso que en otro contexto no tendría.
Los rasgos que la crítica atribuye a las doulas, insertarse en momentos vulnerables para obtener algo, presentarse con credenciales que no corresponden a la realidad, priorizar la propia necesidad sobre la de la comunidad, describen con precisión el perfil de quienes explotan esta vulnerabilidad desde afuera.
Parámetros del rol de doula hoy en América Latina: lo que se entiende, lo que se confunde
El acompañamiento fuera del sistema sanitario formal antecede a cualquier marco regulatorio: siempre ha existido alguien que acompaña a quien muere, dentro de la familia, la comunidad, o la tradición espiritual de cada lugar. El rol de doula de fin de vida continúa esa práctica, a través de presencia continua, educación sobre el proceso natural de morir, apoyo emocional y espiritual, puente de comunicación con el equipo médico. Cada familia solicita ese acompañamiento; nadie lo recibe por asignación ni imposición.
La relación entre doulas y el sistema de salud cambia según el contexto, y esa diferencia importa para entender el rol en Latinoamérica dentro de un marco global. Pueden reconocerse tres escenarios de acción de la doula en la región:
- En articulación con cuidados paliativos, el rol de doula funciona como puente entre la familia y el equipo médico.
- En alianza con cuidados paliativos, el rol de doula promueve una cultura de la muerte digna con opciones, y contrarresta prácticas de UCI y hospital que no consideran la voluntad de la persona.
- Cuando el sistema de salud no llega, o no existe, la familia, la persona cuidadora, o la comunidad cumplen ese rol, con o sin el nombre de doula.
El contexto donde se ejerce este rol no es el mismo en todos los países, y esa diferencia importa para juzgarlo con justicia. En el norte global, quien acompaña se suma a un sistema de salud que ya cubre gran parte del proceso de morir. En gran parte de Latinoamérica, quien acompaña sostiene lo que ningún otro actor sostiene, porque el sistema simplemente no llega. Reconocer esa diferencia no es una excusa para tolerar el abuso que documentamos en este artículo: es lo que permite distinguir entre el trabajo genealógico y comunitario que sostiene esta labor en el continente, y las prácticas de quienes se aprovechan de esa misma ausencia de sistema para explotar la confianza de una comunidad.
Los límites que con más frecuencia generan confusión, visibles tanto en la evidencia recopilada como en los reportes de la comunidad, son tres.
- El límite clínico: acompañar sostiene presencia, educa, escucha, y hace puente; no incluye diagnosticar, pronosticar ni indicar tratamiento.
- El límite institucional: ejercer bajo el nombre de una organización requiere su autorización explícita.
- El límite de la formación: completar un curso, participar en algunas sesiones, o tener acceso indirecto a materiales forma parte del camino hacia una formación, y equivale a estar formada y certificada solo cuando ese proceso se completa.
La falta de licencia estatal no equivale a falta de formación. Existen programas extensos a nivel regional con supervisión de un año o más, y estudiantes que llegan de la terapia, la enfermería, la docencia y el cuidado familiar directo. La gran mayoría de quienes ejercen esta labor lo hacen dentro de un alcance claro en el que acompañan, sostienen presencia, y llegan porque alguien les llama.
Incidentes documentados
Los reportes de incidentes documentados desde 2021 hasta el día de hoy muestran patrones de conducta agrupables en ocho categorías:
- Representación engañosa de formación, experiencia o afiliaciones.
- Apropiación indebida de trabajo intelectual y recursos comunitarios.
- Manipulación de colaboraciones y extracción de recursos.
- Intervención inapropiada en acompañamientos de fin de vida.
- Uso indebido de financiamiento y materiales con licencia.
- Exclusión selectiva y abuso de espacios de apoyo emocional.
- Hostigamiento y competencia desleal.
- Apropiación de redes profesionales con desplazamiento de practicantes.
Un hilo común atraviesa estas ocho categorías: la búsqueda de legitimidad y acceso a contactos, saberes y miembros de la comunidad como puerta de entrada, antes de que el daño se vuelva visible. Este registro aporta lo que la evidencia anterior nombraba en términos generales: confirmación, de fuentes múltiples, de que el daño real ocurre y sigue patrones reconocibles.
Frente a estos patrones, y frente a las críticas con las que abre este artículo, la RedLA ofrece una guía concreta. No pretende ser exhaustiva ni sustituir el criterio propio: reúne lo que una comunidad de doulas, desde la experiencia colectiva, consideramos útil para tomar una buena decisión, ya sea buscando formarse en este camino o buscando acompañamiento para una persona querida.
Guía de discernimiento: banderas rojas y señales de legitimidad
Si estás buscando formarte como doula de muerte o de fin de vida
Si no sabes por dónde empezar, acá van algunos criterios que, desde nuestra experiencia colectiva, consideramos que pueden ayudarte a tomar una buena decisión.

Si estás buscando un servicio de acompañamiento
No hace falta hacer una investigación exhaustiva antes de contratar servicios de doula. Alcanza con hacer las preguntas correctas en el primer encuentro. Estas son algunas:

La responsabilidad de modelar integridad
Quien ejerce esta labor bajo el nombre de doula, tanatóloga, acompañante o consejera de duelo, entre otros, representa, ante cada familia que la recibe, la posibilidad entera de este movimiento. Educar sobre qué es y qué no es esta labor protege a las familias y a quienes ejercen con integridad.
La RedLA, así como otras organizaciones con trayectoria en el ámbito, se enfoca en educar sobre qué es una doula de muerte o de fin de vida, cómo sirve, cuál es su alcance, bajo un código de ética, y en ofrecer lineamientos para que las personas puedan informarse y ejercer discernimiento antes de contratar servicios o inscribirse en cursos y formaciones.
Nuestra postura, y una invitación
Sostenemos que el acompañamiento en muerte y duelo es una práctica humana, anterior a cualquier sistema que hoy la regule o la cuestione. Sostenemos, al mismo tiempo, que nombrar el abuso de quien lo comete es un acto de cuidado hacia el movimiento, hacia nuestras comunidades, y hacia las personas y familias que confían en él. Defender el rol y exigir cuentas dentro de él son parte del mismo compromiso.
A quienes ejercen esta labor: les invitamos a nombrar con claridad su propio linaje, a exigirles a sus escuelas códigos de ética y alcance del rol no médico, acompañamiento, formación, práctica supervisada, a mantener los límites de su práctica ante cada persona y familia que reciben, y a sostener con sus pares las conversaciones difíciles cuando algo se sale de esos límites.
A quienes buscan una formación o un servicio de acompañamiento: les invitamos a usar la guía de discernimiento de este artículo, y a escribirnos directamente a redlamuerte@gmail.com. RedLA ofrece recomendaciones y referidos a quien lo solicite, antes de contratar un servicio o inscribirse en un curso.
A quienes conocen o han vivido un caso de abuso, representación engañosa, o daño dentro o fuera de la RedLA: les invitamos a escribirnos a redlamuerte@gmail.com. Comprometidas con el bienestar de la comunidad, ofrecemos escucha, y la orientación de un consejo de ética que asesora sobre cuestiones éticas dentro de una comunidad, organización o institución del ámbito, y que sostiene un espacio de escucha compasiva. La red no cuenta con jurisdicción ni poder legal ante ninguna situación.
No existimos en un vacío. Existimos en comunidad, y en comunidad nos cuidamos y respondemos por las familias que confían en este movimiento, respondemos por quienes lo integran, por quienes ejercen con integridad, y sostenemos en conjunto su futuro, con la responsabilidad y la solidaridad que eso conlleva.
Imagen: Abhay Yadav
Wilka Roig es cofundadora de RedLA, partera de la muerte, activista en el campo de fin de vida y duelo, y directora general y académica de ESFIM. A través de giras comunitarias, aprende sobre cómo estamos muriendo y dueleando en Latinoamérica para identificar fortalezas y necesidades que orientan nuestra labor.
Catalina Mahecha es cofundadora de la Red Latinoamericana de Acompañamiento en la Muerte y el Duelo (RedLA). Su labor se centra en abrir espacios de diálogo entre diferentes saberes para acompañar la muerte en su contexto.
Referencias
Variety: “Nicole Kidman Says She’s in Training to Be a Death Doula”
The Conversation: “Nicole Kidman is training to be a ‘death doula’. What is a death doula?”
Healthline: “Why Nicole Kidman Is Training to Become a Death Doula”
AARP: “Nicole Kidman’s Surprising New Role: Death Doula”
E! Online: “Hamnet Director Chloé Zhao Reveals She’s Training to Become a Death Doula”

