Día Mundial de la lucha contra el Cáncer
Un poco de historia, y contexto
El día Mundial contra el cáncer se origina el 4 febrero del 2000 en París, impulsado por una de las organizaciones más antiguas, la Unión internacional del cáncer (UICC), donde se firma la “CHARTE DE PARIS CONTRE LE CANCER”, documento que compromete a la comunidad mundial sobre la prevención, investigación y tratamiento (1). Diferentes organizaciones de salud se movilizan, unen fuerzas para hacer campaña en esta importante fecha que tiene como fin concientizar a la población, promover la disminución de la carga mundial contra el cáncer, la prevención en la salud, realizar tamizajes, fortalecer las acciones de atención temprana y mejorar calidad de vida.
Según la OPS, el cáncer es la segunda causa de mortalidad y morbilidad en nuestro continente americano. “Aproximadamente, el 54% de los nuevos casos de cáncer y el 45.1% de las muertes ocurren en personas de 69 años o más jóvenes, cuando se encuentran en lo mejor de sus vidas” (2). Por otro lado, a nivel mundial se proyecta que aumentarán los casos “30 millones de nuevos casos para 2044”, aproximadamente (2). Sobre todo, en aquellos territorios con ingresos medianos y bajos, afectando a individuos, sus familias, comunidades y sistemas de salud.
Sabemos que estas campañas promueven la prevención, y los hábitos y alimentación saludables, sin embargo, más allá de los datos y las estrategias sanitarias, hay una dimensión que suele quedar fuera de escena: el lenguaje con el que hablamos del cáncer. ¿Qué sucede con quienes, en este presente, son nombrados como quienes “luchan” o “batallan” contra la enfermedad? ¿Qué sucede cuando la sociedad utiliza este tipo de lenguaje dejando fuera la posibilidad de transitar esta enfermedad como una experiencia corporal no necesariamente ligada a un triunfo o una derrota?
Al googlear en la RAE, estas palabras “Lucha, Guerra, Batalla”, pueden ser consideradas sinónimos. Nos encontramos con varios significados, relacionados con una serie de combates, acciones de oposición, rivalidad, hostilidad. Es un campo semántico que puede a la vez traer violencia simbólica en un escenario hiriente para quienes no se identifican con dicho lenguaje.
El lenguaje bélico en oncología
Llevándolo al contexto de “cáncer”, a muchos individuos no les consuela el uso de un lenguaje que motive a la fuerza por medio de la lucha, incluso puede intensificar su malestar. El usar esas premisas genera consecuencias como asumir que el cuerpo mismo es un campo de batalla y a su vez su propio enemigo. Bajo esta lógica, fallecer se interpreta como un fracaso y pérdida total de esa guerra, no solo para la persona que atraviesa la enfermedad, si no que también para quienes pueblan su propio entorno. Esto contribuye tener una mirada rígida hacia lo que es morir, asociada al fracaso.
El apoyo del grupo familiar o amistades, cuando hacen el uso de este tipo de lenguaje, puede ocasionar una sobreexigencia emocional en el persona, intentando poner esa energía en la lucha, el positivismo, y demonizando los pensamientos y las emociones complejas que puede atravesar una persona en un contexto de enfermedad, en el que, dentro del marco de la lucha, no se le permite sentir tristeza, rabia, culpa, u otras experiencias que naturalmente surgen en su proceso, porque conlleva a una autoflagelación y, por ende, un sometimiento a la derrota.
Para otros, la verdadera batalla se encuentra en los dispositivos de salud privados y públicos, en los que se ven enfrascados, por los limitantes al acceso, la falta de políticas públicas y profesionales, las largas listas de esperas, la falta de tratamiento y la burocracia misma que puede afectar de manera muy particular en cada territorio.
Según el artículo “¿Contra qué se lucha cuando se lucha? Implicancias clínicas de la metáfora bélica en oncología”, a pesar de que hay poco conocimiento de cómo se originan estas premisas, hay antecedentes que comenzaron a ser utilizadas alrededor del 1971, postguerra de Vietnam, cuando Richard Nixon, ex presidente de los Estados Unidos, firmó el Acta Nacional del Cáncer. Es aquí donde da inicio “la guerra contra el cáncer”, lo que “impulsó económica y políticamente la investigación con el fin de ‘conquistar esta terrible enfermedad’. Nixon, que solía militarizar las políticas sociales que ponía en marcha, logró instalar a través de esta estrategia político-comunicacional, una particular forma de enfrentar la patología” (3). Desde entonces, se han perpetuado y mantenido estos eslóganes a nivel mundial.
Lo cierto es que el lenguaje impacta, conmueve y construye la realidad en cualquier circunstancia. En el contexto de una enfermedad como el cáncer, las palabras pueden movilizar procesos internos profundos: algunas capas más visibles y otras más silenciosas, pero igualmente significativas dentro del recorrido físico, mental y emocional de una persona.
El lenguaje se convierte entonces en una herramienta fundamental para transmitir acompañamiento y presencia con quienes atraviesan este diagnóstico. Por ello, es esencial que quienes acompañan sepan cómo comunicarse, evitando sugestionar, evaluar, minimizar la complejidad o imponer exigencias innecesarias.
Entendiendo que hay muchos a quienes sí les ayuda conectarse con esta lucha, podemos decir que no se trata de querer imponer otro lenguajes, sino solamente de abrirnos a otras opciones. Si por medio de nuestras palabras pudiéramos dejar de vernos únicamente como soldados librando batallas, y se nos permitiera incluir una relación entre el cuerpo y la enfermedad que se transita o se camina, seguramente habría más espacio para acompañar y sostener desde el lugar en el que cada uno se encuentre, integrándonos al lenguaje que a esa persona le haga bien.
Cada persona que transita una enfermedad es única e irrepetible, tanto en lo psicológico como en lo emocional, espiritual y sociocultural. Por esta razón, resulta importante habilitar el diálogo y preguntar directamente cómo desea, y cómo le sirve, hablar, abordar, comunicar y definir su experiencia. De este modo, se respeta su autonomía y se valida su propia percepción de la realidad, sin imponer miradas externas.
Tomar una postura frente al lenguaje bélico no implica negar la dureza del cáncer ni desestimar las estrategias médicas, emocionales o comunitarias que cada persona despliega para atravesarlo. Implica, más bien, reconocer que las palabras no son neutras: moldean la experiencia, condicionan las emociones posibles y construyen sentidos sobre el cuerpo, la vida y la muerte. Cuando el cáncer se nombra exclusivamente como una guerra, se corre el riesgo de reducir una vivencia profundamente compleja a una lógica de victoria o derrota, donde el sufrimiento, el cansancio, la ambivalencia o incluso el morir quedan desplazados, silenciados o interpretados como fallas personales.
Frente a esto, se vuelve importante habilitar otros lenguajes posibles: hablar de procesos, de recorridos, de atravesar, de convivir, de transitar; nombrar el cuerpo no como un enemigo, sino como un territorio sensible que necesita cuidado, escucha y respeto. Ofrecer alternativas al lenguaje bélico es una invitación a acompañar sin imponer, a preguntar antes de nombrar, a sostener sin exigir fortaleza permanente. Es abrir espacio para que cada persona pueda elegir las palabras que mejor resuenen con su vivencia, recuperando así su autonomía narrativa y emocional. En ese gesto, aparentemente simple, se juega una forma más humana, compasiva y consciente de sostener presencia frente a la enfermedad.
Aldana Isadora Arias Zúñiga es enfermera comunitaria en cuidados paliativos. Desde Santiago de Chile, investiga y reflexiona sobre la muerte a partir del acompañamiento directo a personas en proceso de morir.
- Word Cancer Day, 2026.Disponible en: https://www.worldcancerday.org/es/sobre-nosotros/nuestra-historia
- Organización Panamericana de salud, 2024. Disponible en: https://www.paho.org/es/campanas/dia-mundial-contra-cancer-2024-por-unos-cuidados-mas-justos
- Rojas, D. Fernandez, L. ¿Contra qué se lucha cuando se lucha? Implicancias clínicas de la metáfora bélica en oncología. Chile. 2015. Disponible en: https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0034-98872015000300010&script=sci_arttext
- Fundación Arturo Lopez Pérez. No más lenguaje bélico en oncología. Chile. 2024 . Disponible en: https://www.falp.org/noticia/no-mas-lenguaje-belico-en-oncologia/

